domingo, 27 de diciembre de 2009
Badia4000 escribió este artículo @ las 20:36  en Historias y relatos
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Lluvia eléctrica.

By Badia4000

 

 

Por motivos de trabajo, a mediados de los setenta, debía trasladarme a la ciudad de Girona y lo hacia casi siempre en tren. Los famosos trenes tranvía de la época. Suizas las llamaban para ser exactos. Las celebres todavía rodaban y a mí, al regreso a BCN, uno de esos días, me tocó una. Era entre los meses de Mayo/Junio del año 1978.

Serian eso de las 18:30. Ya bajaba con retraso. Una media hora más o menos.

Llegaba lleno y encima, aquel dia, no había parado de soplar el viento ni de llover.

Ya os podéis imaginar como estaba de humor.

Paraguas en mano y en la otra el maletín, había logrado un rincón en el descansillo del vagón. Allí derecho me quede dispuesto a no moverme hasta llegar a mi destino.

Una vez puesto el tren en marcha, enseguida note que el convoy no iba a la velocidad que debiera. Iba lento. Lo achaque al tiempo reinante que iba empeorando a medida que oscurecía y el convoy avanzaba.

Para no alargarme solo os diré que tardamos cerca de dos horas en cubrir el trozo de Girona hasta la misma entrada en Granollers. Allí a unos dos Kilómetros de la estación se detuvo el tren. La tormenta, lejos de menguar, se había convertido en eléctrica. Y el pasaje, harto de aquel viaje, estaba cada vez más nervioso y enojado.

¿Os podéis imaginar un tren lleno hasta los topes, los rostros del pasaje, el tren parado en la mitad casi de la nada y la tormenta acercándose al convoy?

 

Estuvimos una hora, más o menos detenidos allí sin que ocurriera nada. Aparte del ruido de los relámpagos que se acercaba por el ruido cada vez más. La gente estaba más nerviosa y malhumorada. Nadie nos decía nada ni nada se aclaraba.

 

Hay que decir que los empleados de RENFE de aquellos tiempos, en lo referente a los trenes tranvías, no estaban tan preparados como hoy en dia. Aquello era otra época. Otros tiempos. No existía en los convoyes servicio de megafonía y en caso de existir, seguramente estaría averiado sin posibilidad de arreglo. Era una época heredada de los viejos costa. De las viejas vaporosas. Las órdenes se impartían a viva voz, por radio, por teléfono y por señales ópticas o acusticas.

 

¿Que explicación podían dar ellos a un pasaje  cansado, nervioso y harto de aquel viaje? Explicación en la mayoría de ocasiones ellos mismos ignoraban. Y aquella no era una excepción.

En aquel momento la luz desapareció. Todo el tren se sumió en la oscuridad.

Fuera, la tormenta, parecía empeorar. Los truenos y relámpagos casi se apreciaban al lado y la verdad  es que la tormenta...  estaba colocándose encima del convoy.

La oscuridad pareció arreciar en el humor del pasaje. Se empezaban a escuchar voces en contra de la compañía. Y en aquel instante sucedió.

Un gran ruido trono encima del convoy y a continuación chispas, humo, y lo que en aquel momento nos pareció un trozo de cable cayo al lado del tren en llamas. Todos los que estábamos en el descansillo lo podidos ver

Un trozo de catenaria tocado y partido  por el último rayo se había soltado de sus anclajes cayendo al lado del convoy en medio de llamas.

La simple visión del fuego puso más nerviosa a al gente.

 Los que estaban de pie conmigo en el descansillo, parecieron volverse locos. ¿Os imagináis la escena?

Estábamos encerrados en un tren en medio del campo parado y a oscuras con una tormenta eléctrica en pleno apogeo encima del convoy.

El estado de pánico de la gente, ya chillando, estaba llegando a su máximo exponente.

Entonces a través de la oscuridad, en medio de la luz intermitente reflejada por los relámpagos y del griterío, pude observar, en el otro extremo, algo que me puso los pelos de punta. Una mano en medio de las cabezas del resto de pasajeros pareció alzarse en busca de la maneta de desbloqueo de las puertas.

El pensamiento y su consiguiente razonamiento pasó por mi mente en una escasa décima de segundo

 

 

 

Ese movimiento y sus futuras consecuencias era mucho más peligroso en aquel instante que permanecer allí dentro al resguardo del temporal.

Si la puerta se abrirá en aquel momento, la gente, sin dudarlo, se echaría al exterior sin dudarlo tratando de escapar de “aquella trampa”. Cayendo posiblemente en otra tal vez peor.

¿Quién nos podía garantizar que en ese momento al salir al exterior  no nos cayera precisamente en ese instante otro trozo de cable encima con el peligro añadido de la lluvia? Podían haber muertos y heridos por culpa de un acto irreflexivo. ¿En realidad se había cortado la tensión de la catenaria?

Días más tarde me entere que ya se había dado aquella orden de corte de tensión en aquella zona en previsión de males mayores. Ese era el motivo de la ausencia de luz en el tren.

Volviendo al interior del vagón...

 

 

 

No lo pensé dos veces. Fue un reflejo instintivo.

Me sorprendí a mí mismo chillando incapaz de reconocer mi propio tono de voz.

 

 

 

___ ¡¡¡Quietos todos!!! ___ Sonó mi voz enérgica sin saber de  dónde

 ___. ¡¡¡Quietos todos...!!!  ___. Volví a gritar con más energía en medio de la oscuridad parpadeante.

Para mi sorpresa el efecto fue instantáneo. La gente, al escuchar mi grito pareció “tranquilizarse”. La mano que amenazaba desbloquear la puerta había desaparecido y la gente pareció apaciguarse.

La tormenta empezó a  menguar y alejarse. Ya no se oían los rayos tan cerca. .

La velocidad de viento empezó menguar al tiempo que la lluvia

No recuerdo cuanto tiempo tardo a regresar la luz pero aun tardo un buen rato.

Y cuando ésta volvió, los ánimos estaban serenos además del consecuente enojo dibujado en las caras de los pasajeros.

Las puertas del convoy siguieron cerradas a cal y canto. Durante aquel incidente, aquellas horas, ninguna puerta del convoy se abrió.

 

Un diesel procedente del apartadero de Moncada había acudido en nuestro rescate acoplándose al convoy.

No me preguntéis que diesel vino a rescatarnos. No estaba yo de humor en aquel momento para fijarme en aquel detalle. Solo estaba preocupado en llegar a casa y que mi familia no empezara a llamar a los hospitales ni a la policía.

Nadie al parecer se dio cuenta de la procedencia del grito ni su propietario. Eso fue algo que en mi fuero interno agradecí.   

 

 

Mi llegada, que tenia prevista sobre las 20:00 horas en Clot- Aragón se  demoro hasta pasadas las 01:45horas del día siguiente.

 

A la mañana siguiente volví a coger el tren. Eso por descontado. Y la misma línea. La línea en el tramo Granollers – Cardedeu, lugar donde habíamos  pasado aquellos momentos todo el pasaje la noche anterior había sido restablecido aquella misma mañana,

Aunque tenía coche, era mucho más rápido. Además mis gestiones, como he señalado, solo se hacían dentro de la ciudad de Girona. Me iba al pelo e iba sentado todo el camino hasta llegar a mi destino. Llegaba  a los sitios mucho más fresco que el resto de mis compañeros. Por eso, en la mayoría de veces, utilizaba los servicios de RENFE.

 

Lo único que lamento de aquel accidentado viaje es que no mereció ni un triste articulo en los diarios del dia siguiente.

 

Me senté donde siempre dejando mi maletín encima en el cabrestante y abriendo el periódico me puse a leer sin mas decidido a olvidar por completo el incidente del día anterior. Tenia por delante una hora y media hasta llegar a Girona.

En Granollers una mujer de mediana edad se sentó en el asiento frente a mí. Me pareció por un instante que me miraba fijamente. Pero al final decidí que no. Que eran suposiciones mías y seguí leyendo el periódico.

Llegando a Sant Celoni, una vez detenido el tren esta se levanto y al pasar por mi lado, poniéndome una mano en el hombro…

____. ¡Gracias por lo que hizo ayer!---. Me dijo ante mi sorpresa ____. Si no llega usted a pegar esa voz… a lo mejor no estaríamos aquí ni usted ni yo.

No me dio tiempo a reaccionar. La mujer salio rápidamente y bajo del tren sin volverse. Las puertas se cerraron y yo me quede observando a través de la ventana la espalda de la mujer que caminaba en sentido contrario al tiempo que el tren en marcha se alejaba de la estación. 

 

No supe nunca quien era aquella mujer. Por mas que la busque no volví a coincidir con ella en los sucesivos viajes a Girona No recuerdo siquiera su rostro. Y sin embargo fue la única al parecer que me vio y oyó pegar aquella voz.

 

The End


Comentarios
te espio Hola, me encantan tus comentarios sobre los trenes. Yo por circunstancias de la vida y quizás debido también a mi edad, he viajado bastante en tren, pasando muchas anécdotas en los viejos cercanías, correos, expresos, a vapor, trenes antiguos y de madera, viví el cambio a la tracción de fuel, a eléctrica y la más moderna de pendulares. Ahora desde hace ya muchos años, por desgracia no he vuelto a viajar en tren, pero es (o al menos era),todo un mundo zorro-ops
Publicado por Pinthaus
domingo, 28 de febrero de 2010 | 12:31